Maestría en Recursos Hídricos

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Fundamentación

El agua es un recurso natural escaso, indispensable para la vida y para el ejercicio de la inmensa mayoría de las actividades económicas. Es irremplazable, no ampliable por la mera voluntad del hombre, irregular en su forma de presentarse en el tiempo y en el espacio, fácilmente vulnerable y susceptible de usos sucesivos.

Asimismo, el agua constituye un recurso unitario, que se renueva a través del ciclo hidrológico. Considerado, pues, como un recurso, no cabe distinguir entre aguas subterráneas y superficiales. Unas y otras se encuentran íntimamente relacionadas, presenten una identidad de naturaleza y función, y en su conjunto, deben estar subordinadas al interés general y puestas al servicio del desarrollo regional. Se trata de un recurso que debe estar disponible no solo en la cantidad necesaria, sino también con la calidad precisa, en función de las directrices de la planificación económica, de acuerdo con las previsiones de la ordenación territorial y en la forma que la propia dinámica social demanda.

Esta disponibilidad debe lograrse en la necesidad de enmarcar los procesos de desarrollo dentro del concepto de desarrollo sustentable, que procura el mejoramiento de la calidad de vida del hombre en armonía con la capacidad soporte de su ecosistema y de modo de no afectar la base de recursos de las generaciones futuras. La discusión actual se centra en cómo implementar ese concepto tomando en cuenta las diferencias en disponibilidad de recursos, en el grado de desarrollo y calidad de vida alcanzados, en el grado de deterioro del medio ambiente, en la capacidad técnica existente y en la distribución de los beneficios del desarrollo que afecta a las distintas comunidades de una región, país y de la Tierra.

Como datos relevantes para nuestro país, según un exhaustivo informe del Banco Mundial (1999), pueden citarse:

  • El porcentaje de población con acceso a agua potable es de 64%, que es el más bajo comparado con países de ingresos per capita equivalentes. Vale consignar que si el dato se desagrega para sectores urbanos y rurales, la asimetría es muy marcada: 81% de pobladores urbanos y sólo 17% de residentes en áreas rurales.
  • La contaminación de las aguas subterráneas ha sido identificado como el mayor problema de polución del país. Esto se explica por la más vale baja cobertura de servicios de abastecimiento y la aún más baja cobertura de servicios de saneamiento.
  • El promedio nacional indica que cada habitante de la República Argentina consume 488 litros de agua/día. Esta cifra es alarmantemente alta y revela claros problemas de ineficiencia, inequidad y mal uso. Mayormente, se origina en la falta de una política clara con respecto al valor económico del agua y en la puesta en marcha de mecanismos reguladores de la demanda. Se cita el caso de La Pampa, provincia que en el contexto nacional posee el mayor índice de medidores de consumo real (81%), y que exhibe el menor consumo del país con 168 litros de agua/día/habitante. En esencia, los sistemas tarifarios que no toman en cuenta el consumo real sino que apelan al valor fiscal de las propiedades servidas, representan una forma de subsidio y son un incentivo para el derroche de agua.
  • Los problemas de ineficiencia en la provisión de agua potable pueden también verificarse teniendo en cuenta el costo laboral en relación con el número de viviendas servidas. Nuevamente, se cita que La Pampa exhibe la mayor eficiencia, con 4 empleados/1.000 conexiones a la red de abastecimiento.
  • La capacidad de los gobiernos federal y provincial para formular una política hídrica es decididamente embrionaria, mayormente por carencias institucionales y técnicas especializadas.

Tanto la planificación y la gestión, como las leyes vigentes a la fecha en el país y en las provincias no pueden dar respuesta a los requerimientos que suscitan la nueva organización territorial, las profundas transformaciones experimentadas por la sociedad, los adelantos tecnológicos, la presión de la demanda y la creciente conciencia ecológica y de mejora de la calidad de vida. Buena prueba de ello es la fronda legislativa que ha sido promulgada hasta la fecha, con variado rango normativo, en un intento, a veces infructuoso, de acomodarse a las cambiantes circunstancias socioeconómicas, culturales, políticas, geográficas e incluso de supervivencia, como en los casos puntuales de sobreexplotación o grave contaminación de acuíferos y cuerpos de agua libre.